Tiempos que ameritan vómito y reflexión.
Hoy me llegó un mail que empezaba acertadamente: "Ponen 2 peones a laburar en negro por 2 mangos, y mientras ellos se rascan el culo.". Pero, como todo lo que empieza bien, termina mal: "EL MIERCOLES TODOS A LA PLAZA!!!!!!. "
Cierto es que aquellos acérrimos defensores del campo nunca han sudado un centavo de la riqueza que hace años acumulan. Riqueza facilitada por un apellido y por personajes nefastos de nuestra historia tan manchanda de acomodados sin nombre y sin cara. Yo le digo sí a las retenciones. Son justas y los dueños de las tierras pueden pagarlas sin caer bajo la línea de pobreza. Lejos de eso. Pero lo que también es cierto es que las retenciones no supondrán una mejora en la calidad de vida del resto de nosotros. No, eso quedará en la arcas del gobierno, como ha sucedido siempre -sepan perdonar el escepticismo-.
Ahora, reina en el imaginario popular cierta confunsión que es del todo explicable. Tanto la propaganda oficialista como la encarada por el sector del campo (descaradamente apoyada por todos los medios masivos de comunicación) impelen a una toma de partido: ¿de qué lado está usted? Lo cierto es que muchos no sólo no querríamos ubicarnos en ninguno de los dos polos propuestos sino que efectivamente no estamos en ninguno de ellos. El conflicto actual se sitúa por encima de nuestra posición piramidal. Dos grupos se debaten el poder mientras muchos de nosotros sólo observamos y padecemos las consecuencias de esta lucha por el poder desde el último estrato de la pirámide.
Y quizás sea anecdótico pero el otro día oía a una señora paqueta que decía, en una peluquería muy pituca de la ciudad, "me hago las manos y voy al cacerolazo". Afortunada ella, cuyos reclamos no son tan apremiantes. Distinta es la situación de los negros que no pueden esperar. Así que D'Angelis podría medir sus palabras cuando dice que "están gastando sus últimas reservas para mantener el paro". Él y su chomba Lacoste podrían recatar sus dichos a la hora de criticar a todos aquellos que no se hacen las manos antes de ir a reclamar.
Por otra parte, es casi obsceno el modo en que los medios develan su posicionamiento. "Angustia y desazón" y titulares semejantes engalan nuestra prensa. Desinformación o deformación de la información son conceptos aplicables a este decadente momento de la presan audiovisual y escrita. Aunque, si bien es cierto, que toda información es parcial (es decir, que aunque se proponga objetiva, nunca deja de ser un punto de vista y, por tal, subjetivo) yo recuerdo aquellos tiempos en que los medios trataban de que no se les escape la perdiz. No, ahora con una tranquilidad muy parecida a la impunidad agravan la situación por la que pasa la legitimidad institucional.
Muy sabido es que a mi la legitimidad institucional me tiene sin ciudado, lo que me espanta es que nos bombardeen con una bajada de línea que menos tiene que ver con la política que con sus propios intereses económicos amenazados por un gobierno que no privilegia sus monopolios cada vez más aglutinantes (si bien tampoco los combate, claro está).
Y, como dije en un principio, por debajo de esa lucha por el poder estamos nosotros: los que no somos Grupo Clarín, ni K, ni dueños de tierras. Nosotros los que vamos al súper y ni siquiera podemos ver en las góndolas lo que no podríamos comprar de todos modos. Nosotros los que viajamos al trabajo en colectivos atestados de personas porque el desabastecimiento de combustible lleva a la toma de "medidas extremas", es decir: a viajar como animales.
Ellos pretenden ganar nuestra adhesión, yo digo, entonces: no se lo hagamos tan sencillo.
17/6/08
De las Kas y de las Ces
Publicado por
Cau Quinteros
en
15:23
1 comentarios
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