30/1/08

Dios te salve y te guarde
en mi infierno encantador.

Que vengan

Mientras escucho Walter Olmos y chequeo cuándo me penetrarán (intelectualmente, que debe ser la más aburrida de las penetraciones) con los exámenes, me di cuenta que la web de la facu no condice con su alto contenido patchúlico y hippy chic. La página debiera ser un fondo con mariposas tornasoladas, casi alucinógenas. Nuestros socráticos cerebros drogados merecen una web multicolor, con un link que nos mande como por tobogán hacia una sección de vinos malos para copetear en el patio de Puán. Nosotros, los barbudos agudos, ¿qué hicimos para merecer un sitio color ladrillo y un verde oscuro que no se anima a ser azul? Mientras le sacaba la ropa, él no lo podía creer... Ese es Walter, está finado ¿no? Yo extraño las axilas peludas y el olor a Next en los pasillos del templo del Saber. Y extraño la ira asesina que se despierta en cada cruzada administrativa. Yo extraño... extraño tanto... sin embargo detesto febrero, es un mes traidor que te catapulta sin anestecia hacia las obligaciones universitarias. Chin pum y ya estás fumando compulsivamente esperando la mesa de examen.

Que vengan
que vengan las presiones innecesarias
la comedia intelectual
que vengan
que vengan escoltadas por la musa dialéctica
ella
ella que lleva por armas un birome bic y un volante de la izquierda
ella, la inquebrantable
ella, tan vulnerable a la existencia
Y qué serían los pasillos de Puán sin tu cuerpecito desordenado
sin tu cansina forma de escurrirte entre los papeles
entre las palabras
Sería un lugar como los otros:
olvidable,
susceptible al olvido
Decime vos
decime vos qué sería Boquitas sin tu presencia
sin vos moviéndote como una pelusa entre la masa apretada de eruditos empedernidos.
Qué sería de mí
si no pudiera encontrarte entre el mar de cabecitas
si no pudiera esperar a tu lado que la guerra por la primera fila acabe
con miles de muertos en las orillas de una facultad belicosa.
Que el final de la batalla nos encuentre
al fondo de un aula enorme
con vista a una columna.

9/1/08

Daphne so blue

Yo la oía hablar, sólo la oía. Ella estaba sentada sobre el sinlloncito incómodo, fumando un cigarrillo mientras el tiempo no-dejaba-de-pasar por el barrio de Palermo. Y aunque su padre había muerto hacía un día, ella aun tenía una macabra fuerza para reflexionar sobre lo horrendo que es el cementerio de la Chacarita. Todos estábamos un poco tristes, quizás porque ella no lo estaba, o porque no se le notaba. Entonces uno, que no es ni amigo ni familiar ni nada, se veía impelido a manifestarse un poco apapachado por su pérdida. Yo lo estaba realmente, al menos un rato, lo que duró el vino caro que nos tomamos para pensar mejor. Porque con el puto vino pasan esas cosas: uno se pone asquerosamente triste, uno se pone blue. Blue como en la canción donde la nenita muere y todo es blues y blue. La tristeza livianita, como dice Daph. Entonces te olvidás de que estás en Palermo, en un PH echado a menos, y te volás a un lugar sórdido y oscuro, con el piso pegoteado de colillas de cigarrillos. Y ahí estábamos, velando al muerto, borrachos. Y aunque estábamos demasiado borrachos como para entender, aun estábamos lo suficientemenete lúcidos para sentir y, en medio de ese vacío que es el departamento de Daphne, sentíamos como la tristeza empezaba a cristalizar en los ojos de la rubia y los cuarenta grados porteños iban apagándose en el umbral de esa mirada que ya se perdía en la ventana. Y se perdió, Daphne se perdió en un dolor egoísta -porque Daphne necesitaba sufrir y redimirse-. Y aunque nadie verdaderamente haya creido cierto su padecimiento de recién heredada, todos dormimos a su alrededor cuando el cansancio nos llegó.

5/1/08

Recomienzo constante

Por acá los enemigos de siempre. El cansancio tira, tira duro. Coleccionando enemigos, es lo que hay. No hay más. O quizás sí: el cielo fosforescente de las nueve de la noche, cuando aun no es demasiado tarde. O un cielo de Monet, esponjoso sky. Yo quisiera dormir la siesta ahí, sobre ese cielo rosado y celeste pastel. No es rosa, es rosado. "Vos que sos hermosa en tu atrocidad". But I dont wanna be that. "Je te quitte". No, ne me quitte pas. Dont leave me now que me convertí en una máquina, porque yo quiero ser tu roedor, aunque eso implique otro tipo de esclavización voluntaria. Yo quisiera perderme en tu laberinto dedálico, jamás hallar la salida. Y a la noche, cuando el cielo parezca una sábana estrellada, cuando la negrura se vuelva de plomo, ser mártir de causas estúpidas. Porque no hay nada más estúpido que esperar el amanecer cuando el tiempo se ha detenido en el horizonte próximo, cuando los dioses aun duermen despatarrados sobre uvas y desperdicio de néctares sagrados. Sacra es mi estúpidez, pero herética soy yo. Un lugar sin tiempo, o donde el tiempo se ha vuelto algo imperceptible. Sólo sentir la densidad inconmensurable de tu laberinto inabarcable. Yo quisiera volver a ese lugar que aun recuerdo, porque temo olvidarlo ahora que entendí el mecanismo, ahora que soy Karen y no Caren, ahora que lo único que hago es perderme en pasillos interminables, ahora que me ocupo de abrir y de cerrar puertas, y todo es ver caras y caras cuyos nombres desconozco, cuya historia no me importa. Pero a mí nunca me importó la Historia, porque mi historia no tiene pies ni padre, siempre es un recomienzo constante marcado por el sesgo del olvido. Y aunque a veces es desesperante -sobre todo cuando el sol quema los ojos del idiota que hizo carne de la mentira de la Historia-, siempre acabo en las puertas de tu laberinto buscando una respuesta que sé que no existe, que me es vedada y comprendo perfectamente que no puedas sacarme de mi incomprensión. El amanecer no me encontrará y, aun no siéndolo, seré sorda y seré ciega, y a tus pies por fin podré descansar.
Ne me quitte pas

4/1/08

Invierno de amor


in medias res

Sí, vos te quedaste en tu invierno de frazadas y estalactitas agudas. Yo avancé, avancé un poco y, aunque no puedo decir que ando carne y uña con este verano porteño, ya no estoy en ese invierno, el invierno tuyo, que se pega a los huesos y se vuelve una artrosis insorportable cuando todo dejó de valer la pena. Y ando mejor, asquerosamente mejor. Con Hemingway y la pesca y el mar caribeño. Todo irreal. Todo irreal, pero lo nuestro también fue irreal. Irreal en la medida de irrealizable, de imposible. Ahora a esperar hasta el invierno venidero cuando lo nuestro vuelva a resurgir manchado de una melancolía gris, de una nostalgia de hielo y en un rapto de idiotez maravillosa decidamos volver a intentar lo imposible. Y, todo esto que supongo, sucederá. Por eso siempre nuestros principios comienzan in medias res. Por eso nunca tenemos final: nuestra novela infinita. Y a veces, cuando me vuelvo real, quisiera ser cuento para llegar al punto final y saludarte para siempre, olvidarte, dejarte ir. Sin embargo eso no sucede, yo sigo extrañando tu nariz helada y tus manos secas, tu campera amarilla y tu bufanda negra. Y no hay modo de que te pueda siquiera imaginar disfrazada de verano.

Si yo fuera Invisible

Nunca sería
para sorprenderte
bebiendo de otras ambrosías,
me excita más la alevosía
brutal de no verte
cuándo no eres mía...
...
Entregaría
al rey mi cabeza,
incluso mi cuerpo invisible
si a cambio no fuera posible
jamás tu tristeza,
tu melancolía.